Siempre he querido ser invisible, para poder observar a la gente sin que ellos se percatasen, y poder vislumbrar aquellos movimientos y gestos tan naturales que salen cuando sientes que nadie te mira.
Quizás en uno de los pocos lugares que puedo hacerlo es viajando en Metro. Hoy he pasado unas dos horas recorriendo Madrid bajo tierra, subida en vagones repletos de gente que entraba y salía de ellos.
Me gusta observar a la gente que lee, inmersa en una historia, evadiéndose completamente del reguero de gente que se encuentra a su alrededor. A veces dejan ver una leve sonrisa en su rostro, siempre con disimulo, e incluso de sus ojos se escapa alguna solitaria lágrima.
Observo a madres con sus hijos, cómo el afán protector de ésta mantiene a cada momento vigilado al pequeño, mirando y observando todos sus movimientos, escuchando las primeras palabras que salen de esas boquitas con lengua de trapo que hacen que la orgullosa madre suelte una carcajada.
Los grupos de amigos, que con sólo una mirada y un gesto son capaces de decirse unos a otros algo que sólo ellos entienden, mostrando una complicidad de la que a veces siento envidia y a la vez curiosidad.
Luego está el trabajador, que como cada día acude a su puesto y que a ciertas horas el cansancio sólo le da fuerzas para fijar su mirada en un punto y esperar a que el metro llegue a su parada. Apenas se mueve, sólo para mirar quizás las manecillas del reloj de su muñeca, y pensar en cuánto le falta para llegar al dulce hogar.
Puede que se siente frente a mí una pareja. A veces sólo se besan, entonces pierden todo mi interés. Otras veces, con sutiles movimientos entre conversación y conversación se demuestran el uno al otro cuánto se quieren. Y muy de vez en cuando, parejas rotas y destrozadas que apenas pueden mirarse a la cara terminan su historia de amor entre palabras vacías y lágrimas.
También está la chica a la que te quieres parecer: piernas perfectas, pelo perfecto, sonrisa perfecta. ¿Por qué yo no soy así? Y el chico al que no puedes evitar mirar porque sus ojos te han cautivado, y con el que cruzas alguna mirada fugaz que te hace pensar "no debo mirar más", lo que más tarde se convierte en "sólo una vez más".
A veces se percatan de que estás siendo testigo de un pequeño retazo de su vida, y entonces te sonríen, te lanzan una mirada despectiva o símplemente te ignoran y siguen a lo que estaban. Pero a mí me da igual, les sigo observando. Total , posiblemente no les vuelva a ver jamás, y si lo hago, dudo que se acuerden de aquella chica que escuchaba música mientras les miraba un día lluvioso de mayo.
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1 comentario:
Olvidaste a quienes, como yo, rezan por obtener un buen asiento para poder recuperar las horas de sueño que el trabajo les quita o a los que, como yo, encuentran la mirada de un bebé y empiezan a hacer muecas para verlos reír, aunque estén del peor humor del mundo.
Siempre puedes hacerte invisible para observar a la gente: solamente basta con verte como uno de ellos y no llamar mucho la atención. Así lo hago yo :D.
Me ha encantado este post, saludos :D!!
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