Llega ese momento en la vida en la que debes decidir si seguir al viento o ir a contracorriente. Dos direcciones opuestas, caminos diferentes que no tienen vuelta atrás.
No sabes si abrir las alas y dejarte llevar a lo más alto, desde donde la vista te alcanza a ver todo lo que nunca pudiste siquiera soñar, o dejarlas plegadas para que nada te arrastre, permanecer con los pies en el suelo, para que esa percepción de seguridad no te abandone jamás.
Entonces, antes de tomar una decisión cierras los ojos... y te das cuenta de que tu vida está compuesta por cientos de esos momentos en los que debiste decidir, sin posibilidad de cambiar más adelante y hacer borrón y cuenta nueva.
Y piensas que todas esas decisiones te han llevado a lo que eres, son tu esencia, tu historia. Y tu historia te gusta, por lo que no te debes de haber equivocado demasiado antes, así que... ¿por qué vas a hacerlo ahora?
De nuevo, entonces, toca elegir. Y, sin duda alguna finalmente, yo elijo volar.
Reflexión
Creo que mi vida es definitivamente demasiado normal. Hago lo que la mayoría de la gente hace, no destaco, no sobresalgo de la uniformidad, no brillo con luz propia.
Pero realmente... ¿lo busco?
A veces sí. Siempre he pensado que en algún momento de mi vida me gustaría hacer algo por lo que no se me pudiera olvidar. No digo algo grande, para nada, no creo que esté destinada a hacer cosas grandes, ni mucho menos. No me considero "digna" de ello. Me explico, para mí la gente grande es aquella que se esfuerza, la que pese a las adversidades que se le puedan presentar sigue adelante, la que cree en sí misma y hace todo lo posible para llegar a conseguirlo. Yo no soy de esas. Lo que hago lo hago "fácilmente", no tengo derecho a ser grande, realmente. Por ello, y como iba diciendo, me conformaría con algo menos ostentoso. Quizás un pequeño libro, creo que es lo único a lo que puedo aspirar, y no me refiero a un libro de éxito, simplemente... un libro. Un libro que se conservara en el tiempo, el cual dentro de 200 años, cuando nadie me recuerde por lo que fui o incluso que existí, fuera abierto por alguna persona para leer las palabras que escribí. Pero como ya he dicho, lo que hago lo debo hacer con facilidades, y la constancia no es uno de mis fuertes, algo creo que necesario a la hora de dotar a un libro del cuerpo necesario para ser digno de ser abierto, leído y recordado. Así que... creo que lo único a lo que puedo aspirar, queda descartado.
Por ello creo que la mayoría de la veces no busco sobresalir. Lo que hago lo hago porque quiero. Creo que optaré por pasar sutilmente por el mundo de los vivos, para hacerle honor a la vida eminentemente normal que he llevado hasta ahora. Creo que lo mío es pertenecer a la uniformidad.
Pero realmente... ¿lo busco?
A veces sí. Siempre he pensado que en algún momento de mi vida me gustaría hacer algo por lo que no se me pudiera olvidar. No digo algo grande, para nada, no creo que esté destinada a hacer cosas grandes, ni mucho menos. No me considero "digna" de ello. Me explico, para mí la gente grande es aquella que se esfuerza, la que pese a las adversidades que se le puedan presentar sigue adelante, la que cree en sí misma y hace todo lo posible para llegar a conseguirlo. Yo no soy de esas. Lo que hago lo hago "fácilmente", no tengo derecho a ser grande, realmente. Por ello, y como iba diciendo, me conformaría con algo menos ostentoso. Quizás un pequeño libro, creo que es lo único a lo que puedo aspirar, y no me refiero a un libro de éxito, simplemente... un libro. Un libro que se conservara en el tiempo, el cual dentro de 200 años, cuando nadie me recuerde por lo que fui o incluso que existí, fuera abierto por alguna persona para leer las palabras que escribí. Pero como ya he dicho, lo que hago lo debo hacer con facilidades, y la constancia no es uno de mis fuertes, algo creo que necesario a la hora de dotar a un libro del cuerpo necesario para ser digno de ser abierto, leído y recordado. Así que... creo que lo único a lo que puedo aspirar, queda descartado.
Por ello creo que la mayoría de la veces no busco sobresalir. Lo que hago lo hago porque quiero. Creo que optaré por pasar sutilmente por el mundo de los vivos, para hacerle honor a la vida eminentemente normal que he llevado hasta ahora. Creo que lo mío es pertenecer a la uniformidad.
Torres
Desde pequeño te esfuerzas en tu torre. Para que cada día sea más estable, más alta y más brillante.
Desde pequeño construyes tu torre. Pones ladrillos, cada uno pensando que te ayudará a alcanzar tu meta, que te ayudará a subir hasta arriba y admirar tu torre desde abajo.
Según vas madurando te das cuenta de que hay ladrillos que están podridos y tienes que retirarlos, otros que te interesaría no haber colocado porque hagas lo que hagas siempre están mal colocados, y luego están los que simplemente desaparecen, o los que caen de la torre sobre ti y te hacen daño.
Y tu torre, en vez de crecer, pierde pisos sin control, y tú apenas tienes medios para evitar que finalmente esa torre se desmorone.
Ahora la torre es inestable, le faltan ladrillos, y la mayoría de los que aún permanecen están a punto de caer al vacío.
Está a punto de caer.
Desde pequeño construyes tu torre. Pones ladrillos, cada uno pensando que te ayudará a alcanzar tu meta, que te ayudará a subir hasta arriba y admirar tu torre desde abajo.
Según vas madurando te das cuenta de que hay ladrillos que están podridos y tienes que retirarlos, otros que te interesaría no haber colocado porque hagas lo que hagas siempre están mal colocados, y luego están los que simplemente desaparecen, o los que caen de la torre sobre ti y te hacen daño.
Y tu torre, en vez de crecer, pierde pisos sin control, y tú apenas tienes medios para evitar que finalmente esa torre se desmorone.
Ahora la torre es inestable, le faltan ladrillos, y la mayoría de los que aún permanecen están a punto de caer al vacío.
Está a punto de caer.
...
Por las suaves líneas de su rostro se podía adivinar que su vida había sido larga. Aquellas arrugas junto a la boca guardaban celosamente la sonrisa ya olvidada que antaño mostraba a menudo.
La mirada perdida, tras el cristal. Parece que observa con detenimiento algo que ocurre en el horizonte. Pero al otro lado llueve y lo único que es posible vislumbrar es una cascada de agua que cae con tanta intensidad que desfigura por completo toda imagen que el exterior pueda ofrecerle. Pero no le importa. De hecho, ya nada parece importarle.
Una voz le saca momentáneamente de su estado pseudo-vegetativo. Parece hablarle con cariño, pero no entiende sus palabras. Aún así reconfortan, no sabe exactamente por qué. Gira la cabeza y se encuentra con la mirada de aquel extraño que le sonríe con los labios pero llora con los ojos.
Aparta la vista, que va a parar a un pequeño espejo situado al fondo de la habitación. Y una extraña le devuelve la mirada. Una persona desconocida, de edad avanzada. "¿Por qué me mira? ¡Deja de mirarme" piensa desconsolada. Le asusta. La desconocida lleva un pequeño tubo que se cuela por su nariz.
De nuevo devuelve la vista al extraño que está junto a ella.
Y viene un momento de lucidez.
Una mueca casi imperceptible se dibuja en su cara. También en la de su hijo.
Pero entonces vuelve a mirar al espejo. Ahora sabe quién es la desconocida. Quiere quitarse ese estúpido tubito de la nariz.
- No mamá, no hagas eso.
El hijo le impide los bruscos movimientos con una mezcla de compasión, amor, desdicha y pena. Sabe que es necesario para ella. Ella ya no es capaz de comer por sí sola. Ha olvidado tragar. Como ha olvidado tantas otras cosas.
Ya no puede recordar lo que hizo el día anterior. No recuerda su cumpleaños, el de sus nietos, ni tan solo si los tiene. Ha olvidado el nombre de su hijo, si hubo un tiempo en el que su marido vivía y estaba a su lado. No puede rememorar cómo se enamoró de él perdidamente. Tampoco las palabras de los cientos de libros que había leído, las historias que le habían contado. La música que escuchaba en cualquier momento, esa melodía que sonaba de fondo con su primer beso. Su juventud. Su infancia. Su madre, su padre y hermanos. Su propia vida.
Se dio cuenta de que no sabía quien era. Y en ese momento, olvidó lo poco que aún sabía.
Respirar.
La mirada perdida, tras el cristal. Parece que observa con detenimiento algo que ocurre en el horizonte. Pero al otro lado llueve y lo único que es posible vislumbrar es una cascada de agua que cae con tanta intensidad que desfigura por completo toda imagen que el exterior pueda ofrecerle. Pero no le importa. De hecho, ya nada parece importarle.
Una voz le saca momentáneamente de su estado pseudo-vegetativo. Parece hablarle con cariño, pero no entiende sus palabras. Aún así reconfortan, no sabe exactamente por qué. Gira la cabeza y se encuentra con la mirada de aquel extraño que le sonríe con los labios pero llora con los ojos.
Aparta la vista, que va a parar a un pequeño espejo situado al fondo de la habitación. Y una extraña le devuelve la mirada. Una persona desconocida, de edad avanzada. "¿Por qué me mira? ¡Deja de mirarme" piensa desconsolada. Le asusta. La desconocida lleva un pequeño tubo que se cuela por su nariz.
De nuevo devuelve la vista al extraño que está junto a ella.
Y viene un momento de lucidez.
Una mueca casi imperceptible se dibuja en su cara. También en la de su hijo.
Pero entonces vuelve a mirar al espejo. Ahora sabe quién es la desconocida. Quiere quitarse ese estúpido tubito de la nariz.
- No mamá, no hagas eso.
El hijo le impide los bruscos movimientos con una mezcla de compasión, amor, desdicha y pena. Sabe que es necesario para ella. Ella ya no es capaz de comer por sí sola. Ha olvidado tragar. Como ha olvidado tantas otras cosas.
Ya no puede recordar lo que hizo el día anterior. No recuerda su cumpleaños, el de sus nietos, ni tan solo si los tiene. Ha olvidado el nombre de su hijo, si hubo un tiempo en el que su marido vivía y estaba a su lado. No puede rememorar cómo se enamoró de él perdidamente. Tampoco las palabras de los cientos de libros que había leído, las historias que le habían contado. La música que escuchaba en cualquier momento, esa melodía que sonaba de fondo con su primer beso. Su juventud. Su infancia. Su madre, su padre y hermanos. Su propia vida.
Se dio cuenta de que no sabía quien era. Y en ese momento, olvidó lo poco que aún sabía.
Respirar.
Amarrando pensamientos
Hoy quiero atar con una cuerda todos mis pensamientos para que no echen a volar, con un nudo que el tiempo no pueda desgastar ni romper, para que todo quede oculto, para que nunca se rompan.
Para que no se pueda conocer ningún secreto escondido entre los susurros de voces que se entremezclan en mi cabeza formando finos filamentos trenzados alrededor de mi ser.
Para que no pueda olvidar lo que quiero que sea inolvidable, para que sólo al pensar en un detalle el resto venga a mí. Para que la cerrar los ojos pueda soñar con aquello que viví tiempo atras. Para recordar mis errores y no caer en ellos de nuevo.
Para rememorar cada segundo de mi vida, cada segundo feliz. Para volver a tener 4 años y poder sentir lo que sentí entonces al ver el mar. Indagar dentro de ellos para seleccionar aquellos momentos en los que conocí a las personas que hoy por hoy son importantes.
Para poder saber con exactitud qué me ha llevado hasta aquí.
Buscaré un hilo resistente...
Para que no se pueda conocer ningún secreto escondido entre los susurros de voces que se entremezclan en mi cabeza formando finos filamentos trenzados alrededor de mi ser.
Para que no pueda olvidar lo que quiero que sea inolvidable, para que sólo al pensar en un detalle el resto venga a mí. Para que la cerrar los ojos pueda soñar con aquello que viví tiempo atras. Para recordar mis errores y no caer en ellos de nuevo.
Para rememorar cada segundo de mi vida, cada segundo feliz. Para volver a tener 4 años y poder sentir lo que sentí entonces al ver el mar. Indagar dentro de ellos para seleccionar aquellos momentos en los que conocí a las personas que hoy por hoy son importantes.
Para poder saber con exactitud qué me ha llevado hasta aquí.
Buscaré un hilo resistente...
Se escapan
Mi pasado. Mis recuerdos. Aquello que he vivido, por lo que he luchado, lo que me hizo llorar, aprender y reir. Todo lo que me hizo seguir el camino en el que me encuentro.
Es como arena entre mis manos. Cuando hay pocos granos, son fáciles de retener, pero según van creciendo en cantidad, empiezan a querer escaparse entre mis dedos.
Y lo consiguen. Los recuerdos se escapan. Por mucho que intente recordar ciertas situaciones, apenas soy capaz de rememorar ciertos momentos y palabras, que ni tan siquiera sé si son reales o sólo viejos sueños.
Y sé que un día me tocará vivir de recuerdos, porque todo cambia, y cuando el cambio no te gusta necesitas algo a lo que aferrarte para poder seguir adelante, pedir a las Arenas del Tiempo que creen una ilusión construida por un pasado mejor.
Pero si los finos granos se van, ya nada queda.
No sé por qué soy así. Qué es lo que me llevó a convertirme en la persona que soy. Qué me hizo tomar las decisiones que hoy en día construyen mi Yo.
"El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra", quizás porque no recordamos haberlo hecho antes.
Odio olvidar.
Es como arena entre mis manos. Cuando hay pocos granos, son fáciles de retener, pero según van creciendo en cantidad, empiezan a querer escaparse entre mis dedos.
Y lo consiguen. Los recuerdos se escapan. Por mucho que intente recordar ciertas situaciones, apenas soy capaz de rememorar ciertos momentos y palabras, que ni tan siquiera sé si son reales o sólo viejos sueños.
Y sé que un día me tocará vivir de recuerdos, porque todo cambia, y cuando el cambio no te gusta necesitas algo a lo que aferrarte para poder seguir adelante, pedir a las Arenas del Tiempo que creen una ilusión construida por un pasado mejor.
Pero si los finos granos se van, ya nada queda.
No sé por qué soy así. Qué es lo que me llevó a convertirme en la persona que soy. Qué me hizo tomar las decisiones que hoy en día construyen mi Yo.
"El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra", quizás porque no recordamos haberlo hecho antes.
Odio olvidar.
¿Cómo veo mi mundo hoy?
Perdida, agobiada, estresada, en momentos feliz, atraída por esa sonrisa.
Agradecida, desagradecida, harta, insegura, pero segura a la vez.
Demasiado sola, demasiado acompañada, cansada, vital, con ganas de saltar, con ganas de llorar, con ganas de reir y no parar.
Quiero bailar y cantar, quiero dormir, quiero pararlo todo, quiero que todo vaya más deprisa, tener el control absuluto, o símplemente dejarme llevar.
Quiero escapar, a veces quedarme.
Odio y quiero a vez.
Mi mundo hoy lo veo muy contradictorio.
Agradecida, desagradecida, harta, insegura, pero segura a la vez.
Demasiado sola, demasiado acompañada, cansada, vital, con ganas de saltar, con ganas de llorar, con ganas de reir y no parar.
Quiero bailar y cantar, quiero dormir, quiero pararlo todo, quiero que todo vaya más deprisa, tener el control absuluto, o símplemente dejarme llevar.
Quiero escapar, a veces quedarme.
Odio y quiero a vez.
Mi mundo hoy lo veo muy contradictorio.
Reflejo
Me observo.
O más bien, observo a mi reflejo.
Mi gemela encerrada al otro lado... ¿o quizás sea yo la que está atrapada?
Su derecha es mi izquierda. EL pequeño lunar que esta sobre mis labios aparece en ella cambiado de sitio.
Es extraño.
Todo al otro lado es la revés. O esa al menos es la conclusión a la que he llegado.
Todo diferente...
Todo distinto...
Todo moldeable por la luz que incide en el espejo.
Quiero cambiar. Quiero pasar al otro lado.
Si mi lógica no falla...¿Allí estarás tú?
Alargo mi mano hasta alcanzar el espejo, pero en vez de encontrar una superficie dura, ésta es líquida y deja traspasar la punta de mis dedos... luego lo atraviesa mi mano, mi brazo, y poco a poco todo mi cuerpo se introduce.
Me topo con mi gemela. Al fin de carne y hueso. Pero tiene una sonrisa pícara dibujada. Ella también opta por ir al otro lado... o más bien al que antes representaba mi realidad.
Nos observamos por última vez.
Pero parece que nada ha cambiado. Todo sigue igual. Serán las viejas percepciones que aún permanecen en mí.
Lanzo una última mirada a mi gemela.
Luego rompo el cristal.
Así no regresaré. Nunca.
Exploro. Y cuanto más lo hago, más cuenta me doy de que todo es igual.
¿Dónde estás?
O más bien, observo a mi reflejo.
Mi gemela encerrada al otro lado... ¿o quizás sea yo la que está atrapada?
Su derecha es mi izquierda. EL pequeño lunar que esta sobre mis labios aparece en ella cambiado de sitio.
Es extraño.
Todo al otro lado es la revés. O esa al menos es la conclusión a la que he llegado.
Todo diferente...
Todo distinto...
Todo moldeable por la luz que incide en el espejo.
Quiero cambiar. Quiero pasar al otro lado.
Si mi lógica no falla...¿Allí estarás tú?
Alargo mi mano hasta alcanzar el espejo, pero en vez de encontrar una superficie dura, ésta es líquida y deja traspasar la punta de mis dedos... luego lo atraviesa mi mano, mi brazo, y poco a poco todo mi cuerpo se introduce.
Me topo con mi gemela. Al fin de carne y hueso. Pero tiene una sonrisa pícara dibujada. Ella también opta por ir al otro lado... o más bien al que antes representaba mi realidad.
Nos observamos por última vez.
Pero parece que nada ha cambiado. Todo sigue igual. Serán las viejas percepciones que aún permanecen en mí.
Lanzo una última mirada a mi gemela.
Luego rompo el cristal.
Así no regresaré. Nunca.
Exploro. Y cuanto más lo hago, más cuenta me doy de que todo es igual.
¿Dónde estás?
Viaje en metro
Siempre he querido ser invisible, para poder observar a la gente sin que ellos se percatasen, y poder vislumbrar aquellos movimientos y gestos tan naturales que salen cuando sientes que nadie te mira.
Quizás en uno de los pocos lugares que puedo hacerlo es viajando en Metro. Hoy he pasado unas dos horas recorriendo Madrid bajo tierra, subida en vagones repletos de gente que entraba y salía de ellos.
Me gusta observar a la gente que lee, inmersa en una historia, evadiéndose completamente del reguero de gente que se encuentra a su alrededor. A veces dejan ver una leve sonrisa en su rostro, siempre con disimulo, e incluso de sus ojos se escapa alguna solitaria lágrima.
Observo a madres con sus hijos, cómo el afán protector de ésta mantiene a cada momento vigilado al pequeño, mirando y observando todos sus movimientos, escuchando las primeras palabras que salen de esas boquitas con lengua de trapo que hacen que la orgullosa madre suelte una carcajada.
Los grupos de amigos, que con sólo una mirada y un gesto son capaces de decirse unos a otros algo que sólo ellos entienden, mostrando una complicidad de la que a veces siento envidia y a la vez curiosidad.
Luego está el trabajador, que como cada día acude a su puesto y que a ciertas horas el cansancio sólo le da fuerzas para fijar su mirada en un punto y esperar a que el metro llegue a su parada. Apenas se mueve, sólo para mirar quizás las manecillas del reloj de su muñeca, y pensar en cuánto le falta para llegar al dulce hogar.
Puede que se siente frente a mí una pareja. A veces sólo se besan, entonces pierden todo mi interés. Otras veces, con sutiles movimientos entre conversación y conversación se demuestran el uno al otro cuánto se quieren. Y muy de vez en cuando, parejas rotas y destrozadas que apenas pueden mirarse a la cara terminan su historia de amor entre palabras vacías y lágrimas.
También está la chica a la que te quieres parecer: piernas perfectas, pelo perfecto, sonrisa perfecta. ¿Por qué yo no soy así? Y el chico al que no puedes evitar mirar porque sus ojos te han cautivado, y con el que cruzas alguna mirada fugaz que te hace pensar "no debo mirar más", lo que más tarde se convierte en "sólo una vez más".
A veces se percatan de que estás siendo testigo de un pequeño retazo de su vida, y entonces te sonríen, te lanzan una mirada despectiva o símplemente te ignoran y siguen a lo que estaban. Pero a mí me da igual, les sigo observando. Total , posiblemente no les vuelva a ver jamás, y si lo hago, dudo que se acuerden de aquella chica que escuchaba música mientras les miraba un día lluvioso de mayo.
Quizás en uno de los pocos lugares que puedo hacerlo es viajando en Metro. Hoy he pasado unas dos horas recorriendo Madrid bajo tierra, subida en vagones repletos de gente que entraba y salía de ellos.
Me gusta observar a la gente que lee, inmersa en una historia, evadiéndose completamente del reguero de gente que se encuentra a su alrededor. A veces dejan ver una leve sonrisa en su rostro, siempre con disimulo, e incluso de sus ojos se escapa alguna solitaria lágrima.
Observo a madres con sus hijos, cómo el afán protector de ésta mantiene a cada momento vigilado al pequeño, mirando y observando todos sus movimientos, escuchando las primeras palabras que salen de esas boquitas con lengua de trapo que hacen que la orgullosa madre suelte una carcajada.
Los grupos de amigos, que con sólo una mirada y un gesto son capaces de decirse unos a otros algo que sólo ellos entienden, mostrando una complicidad de la que a veces siento envidia y a la vez curiosidad.
Luego está el trabajador, que como cada día acude a su puesto y que a ciertas horas el cansancio sólo le da fuerzas para fijar su mirada en un punto y esperar a que el metro llegue a su parada. Apenas se mueve, sólo para mirar quizás las manecillas del reloj de su muñeca, y pensar en cuánto le falta para llegar al dulce hogar.
Puede que se siente frente a mí una pareja. A veces sólo se besan, entonces pierden todo mi interés. Otras veces, con sutiles movimientos entre conversación y conversación se demuestran el uno al otro cuánto se quieren. Y muy de vez en cuando, parejas rotas y destrozadas que apenas pueden mirarse a la cara terminan su historia de amor entre palabras vacías y lágrimas.
También está la chica a la que te quieres parecer: piernas perfectas, pelo perfecto, sonrisa perfecta. ¿Por qué yo no soy así? Y el chico al que no puedes evitar mirar porque sus ojos te han cautivado, y con el que cruzas alguna mirada fugaz que te hace pensar "no debo mirar más", lo que más tarde se convierte en "sólo una vez más".
A veces se percatan de que estás siendo testigo de un pequeño retazo de su vida, y entonces te sonríen, te lanzan una mirada despectiva o símplemente te ignoran y siguen a lo que estaban. Pero a mí me da igual, les sigo observando. Total , posiblemente no les vuelva a ver jamás, y si lo hago, dudo que se acuerden de aquella chica que escuchaba música mientras les miraba un día lluvioso de mayo.
Locura
Quiero escribir mi historia.
Una fina aguja es lo único que necesito para dejar libre mi esencia, que al tocar sutilmente mi dedo hace que ésta se escape lentamente, deslizándose por mi mano, buscando las finas líneas de mi cuerpo para fundirse finalmente con el suelo y descansar en paz. ¿Qué mejor tinta que mi propia sangre?
Cojo una inmacualda hoja en blanco y trazo líneas curvas que se entrecruzan, formando palabras que describen mi largo camino hasta llegar donde ahora me encuentro.
Hablan sobre mi principio, el dulce perfume de la Vida, sobre cómo poco a poco fui descubriendo lo que ésta me deparaba. Cómo mi infantil inocencia se vio manchada por el odio, la mentira, la falsedad, la crueldad.
Tantas veces me he encontrado perdida, intentando buscar una salida en los laberintos de la Vida que ni mil hojas de papel blanco me son suficientes para plasmarlas.
Pequeños párrafos van dedicados a la amistad y el amor, pero breve era el momento en el que la felicidad se dejaba ver, pues rápidamente ésta era sutituida por una nueva avalancha de negros sentimientos que de nuevo se cernían sobre mí.
Sigo escribiendo. Mi esencia cada vez tarda más en salir, queda poca, como tan poca vida mía queda por contar... sólo un poco más.
Sólo unas últimas gotas para firmar mi final.
Una fina aguja es lo único que necesito para dejar libre mi esencia, que al tocar sutilmente mi dedo hace que ésta se escape lentamente, deslizándose por mi mano, buscando las finas líneas de mi cuerpo para fundirse finalmente con el suelo y descansar en paz. ¿Qué mejor tinta que mi propia sangre?
Cojo una inmacualda hoja en blanco y trazo líneas curvas que se entrecruzan, formando palabras que describen mi largo camino hasta llegar donde ahora me encuentro.
Hablan sobre mi principio, el dulce perfume de la Vida, sobre cómo poco a poco fui descubriendo lo que ésta me deparaba. Cómo mi infantil inocencia se vio manchada por el odio, la mentira, la falsedad, la crueldad.
Tantas veces me he encontrado perdida, intentando buscar una salida en los laberintos de la Vida que ni mil hojas de papel blanco me son suficientes para plasmarlas.
Pequeños párrafos van dedicados a la amistad y el amor, pero breve era el momento en el que la felicidad se dejaba ver, pues rápidamente ésta era sutituida por una nueva avalancha de negros sentimientos que de nuevo se cernían sobre mí.
Sigo escribiendo. Mi esencia cada vez tarda más en salir, queda poca, como tan poca vida mía queda por contar... sólo un poco más.
Sólo unas últimas gotas para firmar mi final.
Susurros al oído
Todos los susurros se entremezclan. Todos quieren llegar a mis oídos. ¿Y yo? Me siento confusa, no puedo oir con claridad, pensar con serenidad, razonar con lógica.
Todos quieren ser oídos. ¿Pero yo quiero oir todos? No, sólo unos pocos. El resto deberían esfumarse, pero no lo hacen, permanecen aquí.
Hay un surruro, uno en concreto que merece mi atención en este momento. No soy capaz de oir claras sus palabras. ¿Qué dices? No te oigo bien... ¡Callad el resto!
Me vuelve loca, me desespera. ¿Qué puedo hacer? Palabras amables no valen, todos desean mi atención, sin darse cuenta que para tenerla a veces hay que ceder a otros la palabra.
Lo siento susurro, no puedo ayudarte porque apenas puedo comprenderte. De verdad que lo siento.
Ya da igual. Estoy cansada, agotada del mismo sonido sin sentido que llega hasta mis oídos. ¡Callad!
Todos quieren ser oídos. ¿Pero yo quiero oir todos? No, sólo unos pocos. El resto deberían esfumarse, pero no lo hacen, permanecen aquí.
Hay un surruro, uno en concreto que merece mi atención en este momento. No soy capaz de oir claras sus palabras. ¿Qué dices? No te oigo bien... ¡Callad el resto!
Me vuelve loca, me desespera. ¿Qué puedo hacer? Palabras amables no valen, todos desean mi atención, sin darse cuenta que para tenerla a veces hay que ceder a otros la palabra.
Lo siento susurro, no puedo ayudarte porque apenas puedo comprenderte. De verdad que lo siento.
Ya da igual. Estoy cansada, agotada del mismo sonido sin sentido que llega hasta mis oídos. ¡Callad!
Wicked
Sí, soy malvada, lo reconozco.
Me gusta tratar al mundo como simples marionetas que se mueven al son de los hilos que manejo.
Me gusta doblegar a la gente a mi voluntad sólo susurrando palabras a su oído.
Hacer que hagan aquello que quiero sin que ellos se den cuenta, e incluso hacerles pensar que realmente lo hacen por propia iniciativa. Aunque yo sé que no es así.
Yo siempre estoy detrás. Siempre les manejo sutilmente. Les llevo por el camino que yo quiero.
Y no pueden escapar... porque cuanto más lo intentan, más acorto sus hilos, más despiadada y cruel soy con ellos, hasta que la final ceden, porque se dan cuenta de que yo soy más fuerte.
Así que... si quieres dejar de sufrir, déjate llevar por los hilos de mi conciencia. ¿Qué más da vivir la vida como yo quiero si la vas a asumir como propia? Quizás yo pueda darte la felicidad que por ti mismo no puedes alcanzar...
Me gusta tratar al mundo como simples marionetas que se mueven al son de los hilos que manejo.
Me gusta doblegar a la gente a mi voluntad sólo susurrando palabras a su oído.
Hacer que hagan aquello que quiero sin que ellos se den cuenta, e incluso hacerles pensar que realmente lo hacen por propia iniciativa. Aunque yo sé que no es así.
Yo siempre estoy detrás. Siempre les manejo sutilmente. Les llevo por el camino que yo quiero.
Y no pueden escapar... porque cuanto más lo intentan, más acorto sus hilos, más despiadada y cruel soy con ellos, hasta que la final ceden, porque se dan cuenta de que yo soy más fuerte.
Así que... si quieres dejar de sufrir, déjate llevar por los hilos de mi conciencia. ¿Qué más da vivir la vida como yo quiero si la vas a asumir como propia? Quizás yo pueda darte la felicidad que por ti mismo no puedes alcanzar...
Es fácil construir castillos en el cielo, lo difícil es destruirlos
La esperanza y las ganas de luchar se le escapan como la arena entre sus manos.
Tantos sueños construidos de niña que son imposibles de plasmar en hojas de papel.
Todos ellos destrozados mientras pasan los años.
Ahora no es lo que hubiera querido ser, no ha encontrado lo que quiso encontrar, no ha hecho todo aquello que soñó hacer.
Ella cree estar sola, apenas puede levantarse de la orilla del océano, los años le pesan.
Alguien se acerca... le ofrece una mano amiga para ayudarla a levantar.
- ¿Por qué lloras?
- Siempre quise bailar...
- ¿Y por qué no empezar ahora? Deja que tus pies se muevan a son de delicadas melodías, déjate llevar por la eterna música de la vida.
- Siempre quise saber más.
- Aún puedes hacerlo, es conocimiento no sólo se encuentra en los libros si no también en las personas. Con esfuerzo y constancia podrás llegar a conocer todo aquello que te propongas.
- Siempre quise amar.
- Eso es algo que ya hiciste.
- ¿Lo hice?
- Y aún lo haces. Aunque no eres consciente de ello, quieres a todo lo que te rodea. Si no quisieras al océano lo contaminarías; si no quisieras a los animales, los matarías; si no quisieras a personas, harías de sus cortas vidas un sufrimiento; si no me quisieras, no cogerías mi mano y no escucharías.
- Pero también siempre quise...
- ¿No te das cuenta? Todo aquello que quieres conseguir depende sólamente de ti. Deja de lamentarte de aquello que no eres y céntrate en cambiar todo aquello que no te gusta.
- ¿Y tú estarás ahí?
- Siempre estaré ahí, ofreciéndote mi mano para ayudarte a levantarte cada vez que caigas, aunque creas que nadie nunca lo hará.
Tantos sueños construidos de niña que son imposibles de plasmar en hojas de papel.
Todos ellos destrozados mientras pasan los años.
Ahora no es lo que hubiera querido ser, no ha encontrado lo que quiso encontrar, no ha hecho todo aquello que soñó hacer.
Ella cree estar sola, apenas puede levantarse de la orilla del océano, los años le pesan.
Alguien se acerca... le ofrece una mano amiga para ayudarla a levantar.
- ¿Por qué lloras?
- Siempre quise bailar...
- ¿Y por qué no empezar ahora? Deja que tus pies se muevan a son de delicadas melodías, déjate llevar por la eterna música de la vida.
- Siempre quise saber más.
- Aún puedes hacerlo, es conocimiento no sólo se encuentra en los libros si no también en las personas. Con esfuerzo y constancia podrás llegar a conocer todo aquello que te propongas.
- Siempre quise amar.
- Eso es algo que ya hiciste.
- ¿Lo hice?
- Y aún lo haces. Aunque no eres consciente de ello, quieres a todo lo que te rodea. Si no quisieras al océano lo contaminarías; si no quisieras a los animales, los matarías; si no quisieras a personas, harías de sus cortas vidas un sufrimiento; si no me quisieras, no cogerías mi mano y no escucharías.
- Pero también siempre quise...
- ¿No te das cuenta? Todo aquello que quieres conseguir depende sólamente de ti. Deja de lamentarte de aquello que no eres y céntrate en cambiar todo aquello que no te gusta.
- ¿Y tú estarás ahí?
- Siempre estaré ahí, ofreciéndote mi mano para ayudarte a levantarte cada vez que caigas, aunque creas que nadie nunca lo hará.
Hilo
Se va deshaciendo... o eso creo, ese hilo que durante años me ha tenido atada a ti, a lo que hacías, a lo que pensabas, a lo que mirabas, oías o decías.
¿Qué pasó? ¿Te olvidaste de mí? ¿O fuí yo? Quizás ambos...
Cada día noto menos el contacto de ese hilo invisible para los demás, que podía llegar a apretarme hasta dejarme sin respiración si tú te alejabas de mí. Pensaba que podría llegar a matarme, por eso no te dejaba escapar.
Pero un día te fuiste. Dolía. Mucho. Durante mucho tiempo.
Hasta que una mañana decidí que debía ignorar ese hilo que me estaba matando poco a poco.
Hoy sólo roza mi piel. Es fino como el cabello, apenas soy capaz de sentirlo, sólo si pienso en él.
Hoy he decidido no querer sentirlo nunca más.
Hoy que cogido unas tijeras para partir en dos ese hilo y separarme de ti.
Hoy he acercado lentamente su filo cortante hasta tocarlo levemente.
Hoy... no he sido capaz de hacerlo, la mano me tiembla, el dolor vuelve.
¿Por qué?
¿Qué pasó? ¿Te olvidaste de mí? ¿O fuí yo? Quizás ambos...
Cada día noto menos el contacto de ese hilo invisible para los demás, que podía llegar a apretarme hasta dejarme sin respiración si tú te alejabas de mí. Pensaba que podría llegar a matarme, por eso no te dejaba escapar.
Pero un día te fuiste. Dolía. Mucho. Durante mucho tiempo.
Hasta que una mañana decidí que debía ignorar ese hilo que me estaba matando poco a poco.
Hoy sólo roza mi piel. Es fino como el cabello, apenas soy capaz de sentirlo, sólo si pienso en él.
Hoy he decidido no querer sentirlo nunca más.
Hoy que cogido unas tijeras para partir en dos ese hilo y separarme de ti.
Hoy he acercado lentamente su filo cortante hasta tocarlo levemente.
Hoy... no he sido capaz de hacerlo, la mano me tiembla, el dolor vuelve.
¿Por qué?
Pintando mi camino
Cada persona pinta el camino de su vida con trazos de colores.
Cuando somos pequeños, estos colores son primarios, llenos de vida y fuertes.
Según vamos creciendo, nuestros caminos de colores se juntan con los de otras personas, aquellas que nos enseñan y nos quieres, o nos odian, caminos de amigos y enemigos. Todo ello hace que el color de nuestro propio camino se vea diferente tras mezclarse e influenciarse con otros.
Así, nuestro camino de la vida se ensancha en los momentos felices, pero en aquellos momentos en los que necesitamos soledad, decrece hasta incluso llegar solo a formar una fina línea, por la que sólo podemos hacer equilibrismo e intentar no caer al vacío que se extiende al lado de nuestro camino.
Sigues dibujando tu camino... pero llega un momento que ese camino debe unirse a otro camino para que este siga creciendo...
Cuando somos pequeños, estos colores son primarios, llenos de vida y fuertes.
Según vamos creciendo, nuestros caminos de colores se juntan con los de otras personas, aquellas que nos enseñan y nos quieres, o nos odian, caminos de amigos y enemigos. Todo ello hace que el color de nuestro propio camino se vea diferente tras mezclarse e influenciarse con otros.
Así, nuestro camino de la vida se ensancha en los momentos felices, pero en aquellos momentos en los que necesitamos soledad, decrece hasta incluso llegar solo a formar una fina línea, por la que sólo podemos hacer equilibrismo e intentar no caer al vacío que se extiende al lado de nuestro camino.
Sigues dibujando tu camino... pero llega un momento que ese camino debe unirse a otro camino para que este siga creciendo...
Princesita
Abre los ojos, pequeña,
despierta de tu dulce sueño.
¿Y qué encuentras?
Dudas.
De nada estás segura, pequeña princesa.
Ni siquiera de lo que creías estarlo antes de tu dulce sueño.
¿Sabes?
Vuelve a dormir.
"No quiero volver a soñar,
duele cuando termina y sabes que nunca fue real."
Pero aún así la princesita deja caer sus párpados,
sólo para recordar de vez en cuando aquel dulce sueño.
despierta de tu dulce sueño.
¿Y qué encuentras?
Dudas.
De nada estás segura, pequeña princesa.
Ni siquiera de lo que creías estarlo antes de tu dulce sueño.
¿Sabes?
Vuelve a dormir.
"No quiero volver a soñar,
duele cuando termina y sabes que nunca fue real."
Pero aún así la princesita deja caer sus párpados,
sólo para recordar de vez en cuando aquel dulce sueño.
Me empiezo a cansar de soñar
Todos los allí presentes en silencio fijan su mirada en la chica del resplandeciente vestido blanco que se halla de pie al fondo de la sala, atentos a lo que iba a acontecer.
Junto a ella, el novio de rostro borroso espera impaciente a que comence la ceremonia.
La chica no deja de contemplar su vestido, e intenta encontrarle un rostro a su flamante novio, algún rasgo que caracterice a su futuro compañero.
Ella está decidida a hacerlo. Debía hacerlo.
Mira a los invitados, uno a uno, buscando a alguien, aunque sin saber a quién.
Gira hacia atrás y a sus espaldas encuentra el rostro de uno de sus mejores amigos. La mira triste. "¿Por qué? ¿Entiende el dolor de mi corazón?" se pregunta ella.
La ceremonia va a dar comienzo. Alguien comienza a hablar. La novia no atiende a sus palabras. Sigue buscando entre la multitud.
Su gran amigo se acerca lentamente a ella. "En realidad sabes a quien quieres" le susurra a su oído.
¿Tenía él razón? Claro que la tenía. Sabía porqué hacia aquello. Quería olvidar.
Aún así continua buscando.
Hasta que le encuentra...
Junto a ella, el novio de rostro borroso espera impaciente a que comence la ceremonia.
La chica no deja de contemplar su vestido, e intenta encontrarle un rostro a su flamante novio, algún rasgo que caracterice a su futuro compañero.
Ella está decidida a hacerlo. Debía hacerlo.
Mira a los invitados, uno a uno, buscando a alguien, aunque sin saber a quién.
Gira hacia atrás y a sus espaldas encuentra el rostro de uno de sus mejores amigos. La mira triste. "¿Por qué? ¿Entiende el dolor de mi corazón?" se pregunta ella.
La ceremonia va a dar comienzo. Alguien comienza a hablar. La novia no atiende a sus palabras. Sigue buscando entre la multitud.
Su gran amigo se acerca lentamente a ella. "En realidad sabes a quien quieres" le susurra a su oído.
¿Tenía él razón? Claro que la tenía. Sabía porqué hacia aquello. Quería olvidar.
Aún así continua buscando.
Hasta que le encuentra...
Huir
- ¡A callar se ha dicho! Llévate el secreto contigo. ¿Pecas de cobardía? ¿O es que dejas que el destino haga el trabajo duro? ¿Sabes? Al final lo lamentarás... huir no lleva a nada.
- Prefiero huir... ¿Para qué tentar a la suerte si el resultado será el mismo?
- Prefiero huir... ¿Para qué tentar a la suerte si el resultado será el mismo?
La vida... un camino de rosas
Un camino de rosas, hermosas, cada una diferente a cualquier otra, única.
Pero hay rosas que esconden bajo tanta belleza espinas que, aunque trates de sortear, se te clavan cuando menos te lo esperas, cuando el caminito de rosas que llevabas andado hasta el momento se podría describir como... casi perfecto.
Y una se te clava... y cuando crees que, por el momento, ninguna espina más podría herirte, lo hace otra, y te hiere aún más, y luego otra... y empiezas a pensar que qué paso diste mal para que todas esas espinas que hasta el momento permaniecían ocultas salieran a la luz.
Y sólo esperas que las heridas sanen... porque tienes fe en que lo harán... al menos hasta el momento. Quizás la próxima espina te haga cambiar de opinión.
Pero hay rosas que esconden bajo tanta belleza espinas que, aunque trates de sortear, se te clavan cuando menos te lo esperas, cuando el caminito de rosas que llevabas andado hasta el momento se podría describir como... casi perfecto.
Y una se te clava... y cuando crees que, por el momento, ninguna espina más podría herirte, lo hace otra, y te hiere aún más, y luego otra... y empiezas a pensar que qué paso diste mal para que todas esas espinas que hasta el momento permaniecían ocultas salieran a la luz.
Y sólo esperas que las heridas sanen... porque tienes fe en que lo harán... al menos hasta el momento. Quizás la próxima espina te haga cambiar de opinión.
Baile de máscaras
Mis pies se confunden siguiendo el ritmo de la melodía de la Vida. Avanzo al compás inquebrantable de las agujas del reloj.
Primero con pequeños pasos, que poco a poco van aumentando, recorriendo el salón del Mundo con ansias de conocimiento.
Quiero ser la mejor bailarina y nada me detiene. Sigo danzando en este baile de máscaras y aprendiendo pasos de otros enmascarados que me ayudan a mejorar cada zancada, cada giro, cada movimiento de brazos.
Pero de repente mis ojos se clavan en un bailarín que ha retirado la máscara de su rostro. Algo en él me deslumbra. Su mirada hipnotizante me hace parar de bailar, detenerme, perder el equilibrio y finalmente caer. No puedo moverme. Él me observa, pero tampoco se mueve.
El baile de la Vida continúa ajeno a lo ocurrido. Millones de enmascarados nos rodean danzando bajo el dorado Sol y el manto plateado de la Luna.
Él al fin reacciona y se mueve. Se aproxima a mí con gráciles pasos y extiende una mano.
-¿Quieres bailar conmigo?
Mis ojos siguen fijos en el electrizante destello del desenmascarado. Las palabras de mi garganta no fluyen. Él continúa de pie, con la mano aún alzada ante mí.
Millones de enmascarados danzan de lado a lado.
En su rostro se dibuja una sonrisa. Sé que sin duda va dirigida a mí, sólo a mí.
Deslizo lentamente mi mano hacia la suya, y tras un leve roce, la música y el ritmo comienzan a inundarme por dentro, como un leve cosquilleo que recorre todo mi cuerpo hasta llega a mis pies. Al fin éstos reaccionan, de nuevo tienen ganas de bailar.
Con un gesto grácil consigo levantarme. Una nueva melodía que nunca he escuchado se oye de fondo. Mis piernas comienzan a moverse, pero para mi sorpresa, las piernas de él siguen a la perfección mis pasos. Somos uno, se confunden nuestros movimientos.
Quiero seguir con él danzando en este baile de la Vida.
- ¿Quién eres tú? – Es lo único que mis labios consiguen articular.
Como un susurro de viento sus palabras llegan a mis oídos.
- hace una pausa, y una sonrisa pícara aparece en sus labios – Yo soy tinieblas, oscuridad, algunos me llaman “paz”… absurdo desde mi punto de vista – . Comienzo a sentir el frío de sus manos, que poco a poco me inunda todo el cuerpo. Mi respiración se acelera. Me asusto. De nuevo empiezan a fallar mis pies. -Pequeña bailarina…he venido por ti.
De nuevo el Baile de la Vida para, pero esta vez, enmascarados de mi alrededor se detienen con él y me observaban. Todos, uno a uno se retiran sus máscaras. Caras de tristeza clavan sus vidriosos ojos en mí.
Todo se vuelve oscuro.
- ¿Aún te preguntas quién soy?...yo soy tu fin. Bienvenida al Baile de la Muerte.
Primero con pequeños pasos, que poco a poco van aumentando, recorriendo el salón del Mundo con ansias de conocimiento.
Quiero ser la mejor bailarina y nada me detiene. Sigo danzando en este baile de máscaras y aprendiendo pasos de otros enmascarados que me ayudan a mejorar cada zancada, cada giro, cada movimiento de brazos.
Pero de repente mis ojos se clavan en un bailarín que ha retirado la máscara de su rostro. Algo en él me deslumbra. Su mirada hipnotizante me hace parar de bailar, detenerme, perder el equilibrio y finalmente caer. No puedo moverme. Él me observa, pero tampoco se mueve.
El baile de la Vida continúa ajeno a lo ocurrido. Millones de enmascarados nos rodean danzando bajo el dorado Sol y el manto plateado de la Luna.
Él al fin reacciona y se mueve. Se aproxima a mí con gráciles pasos y extiende una mano.
-¿Quieres bailar conmigo?
Mis ojos siguen fijos en el electrizante destello del desenmascarado. Las palabras de mi garganta no fluyen. Él continúa de pie, con la mano aún alzada ante mí.
Millones de enmascarados danzan de lado a lado.
En su rostro se dibuja una sonrisa. Sé que sin duda va dirigida a mí, sólo a mí.
Deslizo lentamente mi mano hacia la suya, y tras un leve roce, la música y el ritmo comienzan a inundarme por dentro, como un leve cosquilleo que recorre todo mi cuerpo hasta llega a mis pies. Al fin éstos reaccionan, de nuevo tienen ganas de bailar.
Con un gesto grácil consigo levantarme. Una nueva melodía que nunca he escuchado se oye de fondo. Mis piernas comienzan a moverse, pero para mi sorpresa, las piernas de él siguen a la perfección mis pasos. Somos uno, se confunden nuestros movimientos.
Quiero seguir con él danzando en este baile de la Vida.
- ¿Quién eres tú? – Es lo único que mis labios consiguen articular.
Como un susurro de viento sus palabras llegan a mis oídos.
- hace una pausa, y una sonrisa pícara aparece en sus labios – Yo soy tinieblas, oscuridad, algunos me llaman “paz”… absurdo desde mi punto de vista – . Comienzo a sentir el frío de sus manos, que poco a poco me inunda todo el cuerpo. Mi respiración se acelera. Me asusto. De nuevo empiezan a fallar mis pies. -Pequeña bailarina…he venido por ti.
De nuevo el Baile de la Vida para, pero esta vez, enmascarados de mi alrededor se detienen con él y me observaban. Todos, uno a uno se retiran sus máscaras. Caras de tristeza clavan sus vidriosos ojos en mí.
Todo se vuelve oscuro.
- ¿Aún te preguntas quién soy?...yo soy tu fin. Bienvenida al Baile de la Muerte.
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