Cada persona pinta el camino de su vida con trazos de colores.
Cuando somos pequeños, estos colores son primarios, llenos de vida y fuertes.
Según vamos creciendo, nuestros caminos de colores se juntan con los de otras personas, aquellas que nos enseñan y nos quieres, o nos odian, caminos de amigos y enemigos. Todo ello hace que el color de nuestro propio camino se vea diferente tras mezclarse e influenciarse con otros.
Así, nuestro camino de la vida se ensancha en los momentos felices, pero en aquellos momentos en los que necesitamos soledad, decrece hasta incluso llegar solo a formar una fina línea, por la que sólo podemos hacer equilibrismo e intentar no caer al vacío que se extiende al lado de nuestro camino.
Sigues dibujando tu camino... pero llega un momento que ese camino debe unirse a otro camino para que este siga creciendo...
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