La esperanza y las ganas de luchar se le escapan como la arena entre sus manos.
Tantos sueños construidos de niña que son imposibles de plasmar en hojas de papel.
Todos ellos destrozados mientras pasan los años.
Ahora no es lo que hubiera querido ser, no ha encontrado lo que quiso encontrar, no ha hecho todo aquello que soñó hacer.
Ella cree estar sola, apenas puede levantarse de la orilla del océano, los años le pesan.
Alguien se acerca... le ofrece una mano amiga para ayudarla a levantar.
- ¿Por qué lloras?
- Siempre quise bailar...
- ¿Y por qué no empezar ahora? Deja que tus pies se muevan a son de delicadas melodías, déjate llevar por la eterna música de la vida.
- Siempre quise saber más.
- Aún puedes hacerlo, es conocimiento no sólo se encuentra en los libros si no también en las personas. Con esfuerzo y constancia podrás llegar a conocer todo aquello que te propongas.
- Siempre quise amar.
- Eso es algo que ya hiciste.
- ¿Lo hice?
- Y aún lo haces. Aunque no eres consciente de ello, quieres a todo lo que te rodea. Si no quisieras al océano lo contaminarías; si no quisieras a los animales, los matarías; si no quisieras a personas, harías de sus cortas vidas un sufrimiento; si no me quisieras, no cogerías mi mano y no escucharías.
- Pero también siempre quise...
- ¿No te das cuenta? Todo aquello que quieres conseguir depende sólamente de ti. Deja de lamentarte de aquello que no eres y céntrate en cambiar todo aquello que no te gusta.
- ¿Y tú estarás ahí?
- Siempre estaré ahí, ofreciéndote mi mano para ayudarte a levantarte cada vez que caigas, aunque creas que nadie nunca lo hará.
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